Mecanismos de defensa

Podemos distinguir 9 mecanismos de defensa que representan formas desequilibradas de satisfacer nuestras necesidades interrumpiendo el intercambio, el bienestar y desarrollo emocional.

Estos mecanismos tienen que ver con los límites que nos trazamos a medida que interactuamos con el entorno y tienen dos caras:

a) Son mecanismos útiles y necesarios cuando nos sacan de un peligro o se dan en una situación adecuada que nos permite ver más allá de ella. Es decir, cuando nos sirven de herramienta para planificar, crear o avanzar en un momento dado.

b) Cuando usamos estos mecanismos de forma limitadora y crónica, entonces su funcionamiento es neurótico porque nunca completamos los ciclos de nuestra experiencia, manteniéndonos en círculos viciosos de insatisfacción personal.

1. LA INTROYECCIÓN

Introyectar significa poner dentro, es decir, asimilar o tragar conceptos –aunque sean incompatibles o contradictorios- de modo que se convierten en el material interno.

El mecanismo introyector es hacerse responsable de lo que ha hecho el ambiente. Se preocupa en exceso por complacer a los demás, valorizando lo que dicen o hacen por encima de cualquier idea o iniciativa propia.

Durante nuestra infancia es un mecanismo de aprendizaje y desarrollo sano, ya que el niño utiliza la identificación para el aprendizaje y el crecimiento, pero la introyección indiscriminada, a medida que vamos creciendo, lleva a la neurosis.

¿Dónde nos revisamos si tenemos este patrón?

La tarea primordial para deshacer la introyección consiste en establecer un sentido propio de la capacidad de elegir. Es decir, conectar con las elecciones que nos son accesibles y comprobar por uno mismo que ello depende de nosotros. Por eso también es necesario desarrollar una capacidad de diferenciar el yo del tu.

El antídoto a la introyección sería atrevernos a cuestionar aquello que engullimos y entonces incorporar lo que nos sirva y desechar lo que no.

2. LA PROYECCIÓN

Proyectar significa poner fuera, es decir, desposeernos de algunas partes de nosotros que nos cuestan de aceptar, adjudicando deseos o sentimientos propios a objetos y personas del ambiente.

El mecanismo proyector es hacer responsable al ambiente de lo que se ha originado en uno mismo. En su caso extremo se conoce clínicamente como paranoia.

Las proyecciones suelen ser características nuestras que rechazamos: excitación, celos, agresividad, pulsiones sexuales, prejuicios… de modo que al proyectar nos convertimos en objetos pasivos de nuestra existencia, víctimas de los demás y de las circunstancias.

¿Dónde nos revisamos si tenemos este patrón?

La tarea primordial para deshacer la proyección consiste en conocer mejor cuáles son mis verdaderas necesidades, deseos y preferencias haciendo el ejercicio de mirar y mirarme sin sentirme observada. La finalidad es reapropiarse de lo que ha sido negado.

¿Cuáles son los aspectos que no acepto de mi o que rechazo? Tanto los buenos como los malos, pues cuando proyecto veo en los demás las cosas que no quiero tener,  pero también aquellas cosas que admiro en los demás pensando que yo no las tengo.

3. LA CONFLUENCIA

Confluencia significa identificación total, es decir, no vivenciarnos a nosotros mismos como separados de los otros, no hacer la distinción entre dentro y fuera.

El mecanismo de la confluencia es cuando la persona y el ambiente se confunden. No existe la percepción sólida de límite entre la persona y el ambiente.

En la confluencia se exige constantemente la similitud y se niega la tolerancia a las diferencias. Por ejemplo, en el caso de padres que consideran a sus hijos prolongaciones de lo que ellos son. Las diferencias no aceptadas suelen ser perseguidas, criticadas, rechazadas, propiciando así un bucle de alienación.

¿Dónde nos revisamos si tenemos este patrón?

La tarea primordial para deshacer la confluencia consiste en aprender a confiar en aspectos que me diferencian de aquellos con los que me relaciono de una forma u otra. Decir no, opinar diferente, debatir pensando en las razones o motivos que me pueden llevar a otra perspectiva.

Es importante trabajar conscientemente en la tarea específica de no sentirme mal por expresarme de forma legítima, por sostenerme por mis propios medios.

4. LA RETROFLEXIÓN

Retroflexión significa volverse hacia uno mismo, es decir, hacerse a uno mismo lo que le gustaría hacer a los otros, en general a aquellos que propician una enemistad.

Aunque una retroflexión también incluiría aquellas cosas placenteras que deseamos y que no nos atrevemos a pedir (una caricia, atención, ternura, reconocimiento…)

El mecanismo de la retroflexión se da cuando la persona no logra actuar en el ambiente para promover un cambio que le conduzca a satisfacer una verdadera necesidad. A nivel extremo se conoce de forma clínica como compulsión.

En la retroflexión lo más común son los sentimientos de inferioridad o los síntomas corporales de malestar debidos a la represión e inhibición. Se mantiene indefinidamente un conflicto entre una parte de uno mismo que quiere algo y otra parte que no lo permite. El diálogo interior es una lucha constante entre un opresor y un oprimido.

¿Dónde nos revisamos si tenemos este patrón?

La tarea primordial para deshacer la retroflexión consiste en cambiar la dirección del acto de defensa: en lugar de ir de dentro a dentro, debemos trabajar para que vaya de dentro a fuera. Si me enfado porque se ha cometido una injusticia considero expresarlo en el ambiente para que no se vuelva a repetir. Si quiero algo de alguien, me planteo pedírselo antes de dar por hecho que no me lo dará.

Podemos preguntarnos, por ejemplo, ¿Quién es el que dice realmente que yo debo hacer tal cosa o tal otra de esta manera? ¿Quién me impone o me impuso esta obligación en algún momento?

5. EL EGOTISMO

Egotismo significa anteponer las propias necesidades, la palabra es muy próxima a egoísmo y tiene el modo de funcionar del narcisismo.

En el egotismo sucede un agrandamiento de la defensa del yo siempre en detrimento de las necesidades de los demás. Aunque la autoafirmación y el auto-apoyo incluyen a veces conductas dónde hay que anteponer el yo a las circunstancias para hacerse responsable de uno mismo, no todas las conductas inhibidas deben colocarse en la misma categoría y ser engrandecidas hasta sobreponerse a las circunstancias.

El mecanismo del egotismo se da cuando la persona satisface sus necesidades o deseos, siempre, al coste que sea. Este problema con los límites, a nivel extremo se conoce como clínicamente como psicopatía.

En el egotismo lo más común es no pensar en las consecuencias de los propios actos aun cuando mis necesidades estén en oposición con las del entorno. La inmediatez reina y el egotismo se niega a postergar la satisfacción, a establecer acuerdos o a negociar.

¿Dónde nos revisamos si tenemos este patrón?

La tarea primordial para deshacer el egotismo está en trabajar sobre qué cosas son honestas con uno mismo y necesarias y cuáles no lo son.

¿Dónde hallo el amor propio y en qué punto el amor por mi se convierte en otra cosa que ya no puede definirse como tal? ¿Puedo ser capaz de priorizar mis necesidades y las del entorno de forma equilibrada?

6. LA DEFLEXIÓN

Deflexión significa desviar la dirección, y tiene que ver con la acción de desvitalizar el contacto. Existe también el concepto de desensibilización para designar este proceso interno evasivo.

La deflexión enfría el contacto directo por evitación: desgana, aburrimiento, cansancio, distancia, silencio ansioso, indecisión, falta de color en la vida. Es una forma de evitar el contacto directo con los demás. Reírse al contar algo doloroso, evitar el contacto visual por la razón que sea, llenar el silencio con frases dispersas para salir de la incomodidad…

El mecanismo de deflexión se da cuando el individuo tiene miedo de las personas o de la situación en la que está. Este problema con los límites se traduce en una desconexión de mi mismo y de los demás que se materializa como insatisfacción y falta de energía. A nivel clínico la falta de deseo y de curiosidad extremas pueden asociarse a la depresión.

En la deflexión lo más común es la insatisfacción y el sentimiento de frustración. A veces, la persona que deflecta estará llena de actividades, proyectos y metas que irá cumpliendo, pero tras la culminación de cada actividad no conectará con la satisfacción de haber logrado algo, sino que pensará que podría haber hecho otra cosa mejor.

¿Dónde nos revisamos si tenemos este patrón?

La tarea primordial para deshacer la deflexión es generar un contacto auténtico que revitalice su ánimo. La persona deberá aprender a no evitar, en especial los asuntos difíciles.

Es importante centrarse en estar más presente en cada situación, en ver a las personas alrededor, en producir efectos conscientes en el entorno, en comunicarme desde la presencia para salir del aislamiento.

7. LA PROFLEXIÓN

Flexión significa curvarse o doblarse, y proflexión en realidad designa una mezcla de otros dos mecanismos: la retroflexión y la proyección.

La proflexión es una forma de seducción sutil y más o menos encubierta que trata de evitar encontrarse en confrontación con situaciones negativas. Esto evita que el contacto se produzca de forma natural y espontánea.

El mecanismo de proflexión se da cuando el individuo de forma sinuosa e indirecta busca conseguir del entorno determinadas acciones hacia él. La persona suele creer que no tiene derecho a recibir lo que no da y tiene mucho miedo al rechazo. Este problema con los límites se traduce en hacer al otro todas aquellas cosas que yo quiero que el otro haga conmigo a cambio, pero sin pedirlo o hablarlo directamente.

En la proflexión nos encontramos con personas que no asumen la responsabilidad de pedir lo que necesitan o desean. Esperan que lo que dan les sea devuelto en la misma forma, entendiendo que es justo seguir la ley de la reciprocidad y esperar que ésta se cumpla: halagar para ser halagados, ser agradables y simpáticos para recibir lo mismo, etc.

¿Dónde nos revisamos si tenemos este patrón?

La tarea primordial para deshacer la proflexión es hablar directamente de las propias intenciones, ideas, o deseos para con el otro para saber si realmente le gustan o necesita lo mismo que nosotros.

Tener altas expectativas y mantenerlas en secreto suele ser decepcionante cuando se nos presenta la realidad distinta de como habíamos querido verla. Si queremos recibir es más congruente pedir que dar.

8. LA NEGACIÓN

Negación significa carencia o falta, y es la objeción a ser como somos.

La negación es una forma de crear vacíos y ausencias consiguiendo que esas partes de nosotros queden enajenadas o separadas de la totalidad de nuestro ser.

El mecanismo de negación se da cuando el individuo invisibiliza determinadas partes de sí mismo renegando de ellas porque es incapaz de aceptarlas. Normalmente son partes rechazadas por la familia, los amigos, la sociedad o cualquier otro grupo o persona significativa, pero lo importante aquí es que el individuo ha terminado por ver ciertas cosas como inaceptables y por eso se posiciona en contra de ellas y quiere creer que en realidad no existen.

En la negación nos encontramos con personas que pierden el contacto con su mirada íntegra, completa, cuando la dirigen hacia sí mismas. No pueden ver sus deseos si no les gustan, no pueden ver sus cualidades porque no les gustan… Este problema de escisión, a nivel extremo se conoce como clínicamente como psicosis.

¿Dónde nos revisamos si tenemos este patrón?

La tarea primordial para deshacer la negación es admitir, por un lado, en qué puntos queremos ser reconocidos, aceptados y queridos por los demás. Y hasta que punto nos causa dolor o frustración no ser aceptados ahí.

Y en segundo lugar hay que hacer un trabajo profundo de abrazar las propias características, emociones o personalidad y ver cómo nos estamos defendiendo de ellas.

9. LA RACIONALIZACIÓN

Racionalización significa reducir a normas o conceptos lógicos, y la intelectualización es un término muy afín a este concepto.

La racionalización, como todos los demás mecanismos de defensa, es una forma de evitación cuya finalidad es no conectar con sentimientos o deseos que no queremos reconocer que tenemos.

El mecanismo de negación se da cuando el individuo construye una narrativa lógica que oculta la verdadera intención de sus motivos ocultos. El individuo que hace esto realmente no percibe cuáles son los móviles profundos de sus actos o ideas, pero de algún modo se tranquiliza y justifica internamente.

Con la racionalización escondemos el significado emocional o las necesidades que subyacen detrás de nuestros deseos, y es un mecanismo que pretende disculpar lo que no somos capaces de aceptar ante otros o ante nosotros mismos.

¿Dónde nos revisamos si tenemos este patrón?

La tarea primordial para deshacer la racionalización es dramatizar. La persona que racionaliza debe conectar con sus sentimientos, sentirlos, reconocerlos y, poco a poco, aceptarlos.

Hacer pequeños teatros, interpretar papeles o jugar role playing tratando de ponerse en la piel de algún personaje puede ayudar a conectar con emociones sin que sea violento el encontronazo en primera persona. Necesitamos que esas prácticas no sean por escrito sino vivenciales, pues la persona que intelectualiza debe sentir en su cuerpo cada activación.

 

Datos Bibliográficos:

  • Cárdenas, R. P., & de Psicoterapia Gestalt, S. Desensibilización y Retroflexión a través de un caso clínico.
  • Kepner, J. I. (2011). Proceso corporal: Un enfoque Gestalt para el trabajo corporal en psicoterapia. Editorial El Manual Moderno.
  • Naranjo, C. (1990). La vieja y novísima Gestalt: Actitud y práctica de un experiencialismo ateórico. Cuatro Vientos.
  • Perls, F. S., & Baumgardner, P. (2006). Terapia gestalt. Pax México.
  • Sassenfeld, A. La resistencia y los mecanismos de la neurosis en psicoterapia gestáltica.