La forma de la rabia

Solemos tener una idea descalificativa y odiosa de la rabia, como si fuera un monstruo horrible que no nos debe alcanzar jamás.

No todo el mundo es consciente de que sentir rabia puede beneficiarnos en gran medida y ayudarnos a vivir de forma más saludable. La rabia te está avisando de que vives una injusticia o de que deberías revisar algún capítulo pasado que fue injusto y que, por la razón que sea, no conseguiste resolver, de modo que se activa emocionalmente en la actualidad cuando haces una asociación inconsciente entre la situación pasada y el presente.

Como pasa con todas las emociones (tristeza, rabia, alegría y miedo), es más evolutivo aprender a gestionarla para que no monopolice nuestras actitudes y para que no se extienda a situaciones inadecuadas, pero esto no significa que no deba expresarse o que no pueda tener cabida en nuestras vidas. De hecho todo lo que necesita la rabia es poder salir de dentro, expresarse, no quedar contenida.

La noción de control

La noción de control suele estar muy arraigada a las emociones en general. Pero las emociones no se pueden controlar. Si vives una injusticia te vas a sentir molesto y te vas a activar en consecuencia, porque tus pensamientos y tu fisiología no podrán evitar que te pase lo que te está pasando, por mucho que contengas la expresión de lo que sucede en tu interior. Pero las emociones sí que se pueden gestionar, es decir, que puedo decidir qué hago con esa energía que me está activando, por ejemplo: puedo romper algo o puedo gritar, pero también puedo irme del lugar en el que estoy, puedo respirar profundo, e incluso puedo hablar y decir exactamente como me siento sin herir a nadie… Si no intento evadirme de la emoción que siento, haré una gestión efectiva que me servirá como aprendizaje para el futuro.

Energía para la determinación 

Si lees biografías de personas que han conseguido realizar cosas -personas que quizás admiras o quizás no- que se propusieron algo y lo lograron, verás que hubo un momento en el que se inició todo cuando la persona llega al punto de estallar y entra en un estado que podemos titular como <<¡Basta ya!>>. Es una explosión, más expresiva o menos, es un puño sobre la mesa, simbólico o literal, es un momento en que se desbordan los límites y se derrama la paciencia y no lo impedimos. Es así como logramos el impulso suficiente, la determinación definitiva para movernos y desobedecer alguna ley (o creencia) que ha llegado a ser absurda e inútil.

La rabia evolutiva surge en el momento en que una persona saca a todos sus “yo” a la luz, los pone cara a cara y asume el mando admitiendo que hay algo que ya no puede quedar pendiente durante más tiempo.

Cada emoción tiene un mensaje que nos puede ayudar a evolucionar si aprendemos a interpretarlo y a hacer algo constructivo con ello. Tu emoción de rabia o enfado te está diciendo que si la mantienes reprimida y tratas de hacer como si no existiera enfermarás o acabarás con una coraza que te alejará de la realidad pudiendo perder el contacto también con aquellas emociones más sutiles que te dan placer, alegría, ilusión y risa.

La rabia bien gestionada se manifiesta como determinación. Una persona con un nivel de realización alto e íntegro, introduce cambios significativos en su propia vida o en la sociedad, sabe como hacerlo. Ha hecho ya cosas que considera valiosas y conoce el procedimiento, se conoce a sí misma. Ha observado con atención algunas leyes que regulan la conducta. Sabe como pedirse las cosas que necesita y lo hace a consciencia, luego sencillamente va hacia sus metas superando la frustración aunque a veces se sienta indignado.

¿Por qué nos permite iniciar un cambio?

De todas las emociones, la rabia es la emoción que tiene mayor carga energética, tiene el nivel de calor e impulso más concentrado y por ello permite que el engranaje estancado gire la rueda de una vez para emprender un nuevo movimiento.

Imagina la rueda enorme del engranaje de un reloj: si el impulso no es contundente y no tiene las dosis necesarias de energía la rueda no se moverá, y si logra moverse será insuficiente, quizás un poco, quizás hasta la mitad, pero el impulso útil ha de llevar a la rueda a girar lo suficiente como para dar la vuelta entera y, por tanto, conseguir activar el comienzo de un nuevo ciclo.

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Poner límites

Para dar sentido a nuestras vidas tenemos que poder experimentar y desplazarnos a través de los límites que nos vamos trazando. Solo uno mismo puede mover sus propios límites y modificarlos cuando sea necesario. A veces tendremos buenos guías, que sepan como conducirnos a tomar decisiones y que no nos empujen ni nos frenen, pero otras veces tendremos que hacerlo solos. ¿Alguna vez has pensado qué significado tendría para ti tener delante al monstruo horrible que temes y mirarle a la cara en lugar de evitarlo o de huir?

La sensación de fracaso, la indignación, la insatisfacción personal siempre nos van a perseguir si amortiguamos el enojo, si ante una situación injusta en la que deberíamos decir ‘hasta aquí hemos llegado’ decidimos anestesiarnos ante el mal que nos produce, aguantar o convencernos de que no nos está pasando.