Cultivar la paciencia

Cultivar la paciencia es algo costoso cuando uno está nervioso o sufre ansiedad, pero resulta imprescindible comprender que la paciencia no debe cultivarse sólo porque ‘sabemos que es buena’.

Si somos capaces de valorar los beneficios que reporta la paciencia, si en un esfuerzo cognitivo podemos nombrar esos beneficios, podremos obtener mejor calidad de pensamientos que nos lleven a una práctica eficaz de esta.

La paciencia es un buen método para contrarrestar los impulsos agresivos y automáticos, es cierto, eso es una ventaja en nuestra interacción con el mundo, pero sobre todo es un peldaño más hacia la consciencia. Cuando uno espera de forma activa, es decir cuando esperar no se convierte en ‘nada’ sino en un acto, entonces llega una perspectiva de las cosas experimentada desde el bienestar. A diferencia de las culturas orientales, en occidente la espera es algo vacío. Pero si queremos comprender nuestra naturaleza con mayor profundidad debemos saber que la espera ‘activa’ forma una parte imprescindible de cada ciclo experimentado con madurez. La espera activa es la espera fructífera; la gente que cultiva en el campo sabe que esto significa recoger los frutos a su debido tiempo, no antes ni después.

La paciencia es un estado elevado que nos puede ayudar a tomar las decisiones que más nos convienen y que se adecuan a las circunstancias permitiendo que las cosas fluyan. Más conciencia, más paciencia. Más paciencia, más plenitud. Más plenitud, más logros percibidos de forma intrapersonal.

Cuando no hemos cultivado la paciencia sucede que pasamos de la nada (en el polo negativo de un ciclo) a ver desplegados ante nosotros un montón de caminos o posibilidades (en el polo positivo del mismo ciclo). Entonces, sin más, es fácil que nos metamos en uno cualquiera a al azar por su brillo, color o forma…

Después no obtenemos ningún resultado, porque no hemos tratado de encontrar el equilibrio entre estar sumergidos en las cosas y mantenernos sobre ellas. Me gusta pensar que la consciencia es como la visión de un águila: llena de perspectiva y a la vez capaz de fijarse en los puntos significativos desde muy lejos. Es algo amplio y abierto que puede fusionarse con el entorno formando parte de él, y al mismo tiempo, conseguir mantener una atención fluida e independiente en relación con todo lo que pasa.

También podemos hacer un paralelismo con un árbol: sabemos que un árbol con raíz pequeña y con copa grande será arrastrado con un golpe fuerte de viento. También sabemos que un árbol con raíces muy grandes y copa pequeña no deja circular bien la savia y esto influye en su nutrición. Lo que necesitamos es que el árbol esté equilibrado: raíces y copas deben tener un tamaño proporcional.

De la desesperación a la paciencia, del caos a la gestión.