Rupturas. ¿Qué se rompe?

¿Por qué unas personas sufren más que otras o durante más tiempo cuando una relación significativa termina?

La respuesta es #PROYECTOS #IDENTIDAD

Las personas tenemos una identidad, pero cada relación va añadiendo ingredientes y modificaciones que van configurando cambios más o menos duraderos. Es decir, tu eres alguien, un 100%, pero cuando te relacionas creas un proyecto en un porcentaje compartido con otro.

Una relación sana suele tener responsabilidades cercanas al 50% por un lado y el 50% por otro lado en el proyecto conjunto.

Cuando una relación termina, sabes que no puedes ser la misma persona que habías sido antes del proyecto conjunto, por tanto, el duelo que se produce por la pérdida de la otra persona es, a la vez, un duelo que hay que pasar en relación a una nueva identidad que debe modificarse a la fuerza: ‘ya no formo parte de ese proyecto conjunto, al menos no como lo había imaginado o comenzado a construir’ y tampoco puedo ser lo que era antes porque algo en mí ha cambiado. Es un doble encuentro existencial que también puede tomar forma de desencuentro, tragedia o caos.

 

A veces sucede que las personas que se han implicado menos en la relación pasan antes el proceso de duelo y se recuperan antes o rehacen su vida con más facilidad. Pero entre las personas realmente implicadas en la relación, se recuperan mejor aquellas que tienen proyectos propios o que son capaces de crearse nuevas metas y luchar por conseguirlas.

Tener metas a corto plazo nos ayuda a sentir que somos eficaces, eso aumenta nuestra autoestima, en cambio tener metas a largo plazo consigue hacer que nuestra vida tenga sentido: sabes dónde vas y vives el recorrido con ganas.

Cuando nos proponemos cosas por voluntad propia, lo que estamos haciendo es dominar nuestro centro, nuestra intención, nos estamos trabajando a nosotros mismos y eso conduce a obtener mayores niveles de realización personal.